The Hangover (Resacón en Dinamarca 2014). CAPÍTULO 02. Recordando

Lo que vas a leer a continuación es la segunda parte de la historia de nuestro viaje a Dinamarca. Si lo que buscas es qué ver en Vejle, en unos días publicaré en la sección ‘Qué ver en’ información relevante para ti.

Carlos estaba curiosamente callado. Se encontraba mejor que yo. Le dije «Me bajo a desayunar, ¿te vienes» y me dijo que sí. Seguía muy callado. Cogí mi cartera y la abrí viendo que no quedaba absolutamente nada de dinero del que nos habíamos llevado para pasar la noche. Teníamos un fondo común e iba en mi cartera.

—¿Nos lo gastamos todo anoche? —No salía de mi incredulidad.
—Eeeh, tu dijiste que no querías seguir bebiendo, así que… continué yo solo. —Respondió Carlos con voz ronca de haber estado toda la noche de fiesta. Pero ese no era el motivo de su silencio. Hice una nota mental en ese momento «nunca más fondo común».

Nos sentamos en la mesa del restaurante del hotel.

—¿No recuerdas lo que pasó anoche? — Me dijo Carlos extrañado y desconfiando a la vez.
—Me acuerdo de algunos flashes ¿Por qué? —Le respondí felizmente aunque aún con malestar a causa de la resaca.
—¿Sabes que volviste cabreado conmigo? —Dijo él. En ese momento a mi cabeza vino un flash. Resulta que durante todo el viaje, él, no dejaba de repetirme «quiero conocer a una filipina». Pues vimos un grupo de filipinas en la última discoteca y yo le presioné varias veces para que les hablara. El motivo de mi cabreo fue su falta de valor porque volví al hotel diciéndole «eres un cagado con las tías, las tenías ahí y ni si quiera ha sido por decirles nada». Todo eso gritando en mitad de la calle.
—¿En serio? ¿Por qué? —Fue mi respuesta. En ese momento no quería hacer sangre ni dar pie a una discusión así que opté por hacerme el tonto.
—No lo sé, me ibas gritando por la calle. — Respondió él sin querer recordarme el motivo.—Pero es que pasaron muchas cosas durante la noche.— Entonces comenzó a hacerme memoria de lo sucedido.

Había algunos detalles de la noche que no eran tal cual los recordaba. En el capítulo anterior de esta historia expuse lo que, según mi cabeza, había sucedido esa noche.

– Salimos corriendo del primer bar después de que un chaval no parase de tirarle los trastos a Carlos y seguirlo de forma insistente (Creo que es el chaval de la camiseta roja del vídeo).
– Cuando reventé el móvil no paraba de reírme de forma escandalosa.
– La turca se me resistió a tres intentos de besarla y me dijo que tenía novio en Turquía. A lo que parece ser que le respondí que seguro que estaba con otra (esto en inglés, en mi inglés).
– La mujer con la que ligaba no tenía precisamente 40 años… Carlos insiste que estaba bastante cerca de los 60. Por suerte me paró antes de que me lanzara.
– Al parecer, según la versión de Carlos, me lié a pegar gritos y a llamarles ladrones a los porteros de la discoteca que cobraba entrada… Todo eso en perfecto castellano.
– Entramos a esa discoteca donde decidí no beber más y vimos a las chicas filipinas.
– Volver cabreado al hotel cabreado y gritándole por la calle.

Cuando terminamos el desayuno, nos cambiamos y nos dirigimos a buscar un edificio llamado The Wave que había visto en un folleto del hotel. Según Google Maps estaba a 70km del hotel. No pasaba nada porque llevábamos el coche de alquiler.

Está foto esta desenfocada, pero nos encanta.

Con el mapa memorizado en mi cabeza, me hice al volante de aquel Honda y recorrimos las carreteras danesas. Por el camino vimos interminables prados bañados por el sol, bosques que abrazaban la carretera como si la protegieran y cruzamos un enorme puente sobre un lago. 70 km después, aparcamos y paseamos por un pequeño pueblo y su puerto. A día de hoy no tengo claro si el pueblo era Strib. Las indicaciones una vez en el pueblo si que las llevaba apuntadas. Buscando, buscando acabamos frente a un descampado. Miro hacia el cartel que tenía a mi derecha en la misma esquina de la calle y ponía «The Wave». Genial, estábamos en la calle The Wave, no frente al edificio The Wave. Decepcionado por no encontrarlo subimos al coche y volvimos.

Como curiosidad, he deciros que el edificio The Wave está situado en la costa de Vejle. Sí, en el mismo pueblo en el que nos encontrábamos alojados.

Aún teníamos día por delante así que decidimos ir a otro lugar de interés de la zona: Jelling. En este pequeño pueblo hay dos piedras con runas vikingas. Y yo, como amante de las culturas antiguas, pues tenía que verlas. Llegamos al pueblo sin ninguna dificultad.

Las Piedras de Jelling estaban al final de un pequeño cementerio con mucho encanto. Una maravilla de lugar.

Si queréis podéis saber más de las Piedras de Jelling en esta página.

Para nuestra sorpresa, por la mañana se había abierto un mercado vikingo de recreación, del estilo de los medievales que hacemos en Murcia. Cuando llegamos por la tarde, tenían las tiendas cerradas, pero estaban asando jabalí al más puro estilo Asterix y Obelix. Sí lo sé, estos son Galos, pero la técnica era la misma.

De vuelta teníamos muchísima hambre. Pasábamos junto a un lago que tenía un barco vikingo en una zona no muy lejana de la costa sin vigilancia y pensando en comida…

—Dani, me apuesto una cena en Foster Hollywood contigo a que no te metes en el lago y alcanzas el barco. No tienes cojones. —Dijo esperando en mí una respuesta positiva.
—No, no los tengo. ¿Los tienes tú? —Respondí esperando una respuesta negativa.
—Para el coche ahí delante… —Dijo el valiente.

¿Lo hizo? Para muestra, un botón.

Y con eso acabó nuestra aventura danesa.

Nos reímos, disfrutamos, vimos una pequeña parte del mundo y lo más importante; detonó dentro de mí algo que marcaría el resto de mi vida. Había decidido viajar.

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