Decido viajar a Rumanía. [Capítulo 1]

¿Por qué decidimos viajar a Rumanía?

Pues porque en 2016 fijamos entre nuestros próximos objetivos los países del este de Europa y el primero ha sido viajar a Rumanía.

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Esta fotografía se ha acabado convirtiendo en un clásico y un ritual. En la misma cafetería del aeropuerto de Alicante, siempre, antes de tomar un vuelo: Café y foto.

Lo cierto es que mis expectativas de viajar a Rumanía eran muy bajas. Alimentadas por ver el castillo del Conde Drácula podían subir un poco más pero no mucho. Me lo tomé como un viaje por coleccionismo viajero.

Nuestro plan de viajar a Rumanía incluía Brasov, Bran, Sinaia y Bucarest.

Para empezar me sorprendió la cantidad de españoles a los que le atrae viajar a Rumanía. El avión iba lleno de compatriotas. Como no podía faltar de otra manera fui testigo de cómo le tiraban los “trastos” a una chica rumana que hablaba español.

Fue un espectáculo hasta que le dijeron que si quería quedar con él y ella tuvo que quitárselo de en medio con la excusa «a mi novio no le haría gracia». ZASH, en toda la boca. Ahí se terminaron las negociaciones. Luego le siguió un amigo de este hombre, pico y pala hasta el final. Pobre chavala…

Una vez allí, nos dirigimos hacia la oficina de alquiler de coches. El alquiler en sí apenas llegaba a 8€/día pero al no requerir tarjeta de crédito subía un buen pico.

En cuanto nos dieron el Smart salimos a la carretera.

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No me gusta generalizar, pero en Rumanía se conduce fatal. Fuimos testigos constantemente de adelantamientos en línea continua, en cambios de rasante y en curvas sin ninguna visibilidad. Y a la típica pregunta de “¿Pero viste algún accidente?” Que se suele hacer para justificar que aunque mal, todo va bien, la respuesta es “Sí, vimos un par de coches accidentados”.

En este aspecto me quedó una sensación muy desagradable. Y lo digo yo, que he hecho mis locuras al volante, pero que a día de hoy voy muy relajado y respetando absolutamente todas las señales de tráfico porque he visto las consecuencias que esto puede traer. Era un insensato, quizás por mi juventud, pero lo de esta gente no tiene nombre. Con nieve y ni si quiera guardaban la distancia de seguridad.

La Ruta 1 es la que va de Bucarest a Brasov. En la primera parte el paisaje se podría clasificar de nulo. Campos y alguna edificación comida por el tiempo. Un panorama desolador. Aquí podríamos usar la expresión murciana:

Esto está hecho un solar”.

A medida que pasaba el tiempo en carretera, el paisaje se iba transformando y entramos a zonas de bosques, montañas, ríos... esto ya era otra cosa. Cementerios en las laderas de las montañas. Esto último me recordó a mi querido Japón.

Por fin llegamos a Brasov tras 2 horas y 30 minutos conduciendo. Entramos al apartamento. Y como empezaba a ser costumbre en este país, por fuera parecía un antro. La sorpresa fue que cuando entramos era bastante acogedor. No sé si lo hacen a propósito, pero parece que bajan las expectativas para que luego el resultado final parezca mejor. Lo consiguen.

Fuimos a dar una vuelta por los alrededores del pueblo. Caminamos un rato por la zona que estaba pegada a la montaña. Íbamos advertidos de no pasar por ahí cuando se hiciera de noche. Por lo que cuentan, ocasionalmente, los osos pardos bajan al pueblo en busca de comida. Leí que esto le había costado la vida a varios turistas, así que no es cosa de broma.

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viajar a Rumanía -cartel-brasov-hollywood-decidoviajarEl famoso cartel de Brasov que imita al de Hollywood.

Llegó la hora de la cena. Queríamos probar los platos típicos pero no teníamos mucha idea de dónde ir. Así que tras una visita rápida a Internet descubrimos La Cenau, restaurante de gastronomía local. Entramos y estaba lleno a reventar. Así que, nuestro gozo en un pozo. Dimos media vuelta y fuimos a investigar. Paseando por las calles de la ciudad, Carlos vio un callejón. Me hizo señas y entramos. Es el típico callejón de película de thriller policiaco dónde si entras no sales. Pues al final del mismo estaba el restaurante Brasov Ciucas. Pasamos de la comida típica para pedir una rueda de 11 cervezas y una parrillada para 4 personas.

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Al final, tomándonoslo con muchísima calma, acabamos con ambos retos. Hacía muchísimo tiempo que ni comía ni bebía en tales cantidades. La cuenta fue de 90 lei, lo que al cambio son aproximadamente 20€. Totalmente recomendable si visitas la ciudad y tienes hambre. Podéis comer por mucho menos si no sois tan animales como nosotros.

Continuamos en el Bar Tipografia. Tomando unos ricos Jagger-Booms y echando unas risas. La gente es muy amable, me alegro mucho de haberme relacionado con los habitantes de esta ciudad.

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La noche terminó en un restaurante de la calle principal, creo que se llamaba Manson, a las 2 de la madrugada aún estaba abierto y nos dio de cenar… por segunda vez. Se ve que nos habíamos quedado con hambre… Un buen plato de pasta a los cuatro quesos para mí y una señora pizza para Carlos más un trozo de tarta de queso.

Y después de esto, a dormir a pata suelta rezando que no me sentará mal todo lo que le había metido al cuerpo.

Al día siguiente visitaríamos uno de los lugares más interesante de viajar a Rumanía, nos esperaba una visita al castillo de Bran. Donde se inspiró Bram Stoker para su novela Drácula. 

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Pero esto os lo cuento la próxima semana 😉

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